El Zapallar : Capítulo I
Está situado en el departamento “Tobas”, Gobernación del Chaco, a 150 Km. de Resistencia, capital del territorio.
En sus campos no existen salvajes indígenas, ni tigres ni serpientes gigantescas, que solo son forjadas por algunos fantasistas irresponsables con el fin de brindar el sensacionalismo y emoción a costa de la verdad y el prestigio de los pueblos del chaco.
Su nombre ha sido objeto de muchas discusiones, llegándose a concretar en la actualidad, tres teorías que se disputan la verdad de su origen. Según los defensores de la primera hipótesis, en los primeros años de este pueblo (no precisan fecha) vivía una señora, cuyo nombre no recuerdan, que poseía un almacén con gran sembradío de zapallos (quizás se refieran a Doña Ángela N. de Pentenero, muy conocido por “el almacén de Yurca”); como en la zona no había otro almacén que los tuviera, cuando deseaban referirse al almacén de dicha señora, hacían mención a su zapallar diciendo que se dirigían al zapallar de la señora X, quedando simplificado luego, con el apelativo “El Zapallar”.
Según los sostenedores de la segunda teoría, la tierra de El Zapallar es muy pródiga especialmente con los zapallos, por lo que antes que ningún blanco pisara estas regiones, ya existía en la laguna “El Tigre” y en lugar que hoy se levanta el pueblo existían grandes sembradíos de zapallo cultivados por los aborígenes; casi podríamos decir que con los zapallos los indios tenían su “plato nacional”. Cuando llegaron los primeros pobladores, no se preocuparon por darle nombre al lugar que iban a colonizar, este vino más tarde, quienes lo bautizaron fueron los soldados de las primeras expediciones militares. En efecto, en el año 1909 el capitán Villa Mayor dirigía una exploración con el objeto de localizar las poblaciones recientemente formadas en esta parte donde vieron grandes extensiones cultivadas de zapallo, trabaron amistad con el bondadoso cacique Baratillo, quien le indicó el almacén de Domingo Pentenero hacia donde se dirigieron más tarde. Como varios soldados se encontraban heridos y enfermos en tributo a la osadía de haber penetrado las selvas y pantanos del Chaco, decidieron quedarse en la casa que se les brindaba hospitalariamente, y es así como al llegar a Presidencia Roca, el resto de la expedición hacía mención del lugar en que quedaron sus compañeros, diciendo que fueron dejados en “El Gran Zapallar” o lugar de los zapallos. Más tarde, otras compañías hacían lo propio, aludiendo siempre a este gran zapallar, para referirse a las tolderías del cacique Baratillo y al pequeño centro poblado que se estaba formando en sus inmediaciones. Podría creerse que los soldados aludían al zapallar de la señora Pentenero, si no fuera porque ella misma lo demiente, diciendo que los zapallos por ella sembrados eran muy escasos, pues eran destinados nada más que para su consumo, mientras asegura que los soldados se referían a las grandes cantidades de calabazas sembradas por los aborígenes.
Finalmente, explican los que difieren con las dos concepciones enunciadas, que el apelativo “El Zapallar”, proviene de un hecho casual registrado por el destino para servirle de nombre, agregando que en realidad debió llamarse “El Porongal”, pues eran los sembradíos de éstos, los únicos que cultivaban los indios. Dicho episodio estaría protagonizado por una compañía de conscriptos que desde Resistencia se dirigía a Presidencia Roca; al llegar a la parte sur del llamado capo “Fecchio”, un soldado cordobés exclamaría: “veía el zapaiar”, al observar una gran extensión de porongos, que presentaba a los ojos profanos de éste, un aspecto análogo de un zapallar. El resto de la compañía, habría querido admirar esta extensa plantación, cuando comprobó el error del compañero de la docta ciudad. Las bromas que se sucedieron no quedaron en el camino, llegaron a Roca, sonde tomaron cuerpo, al extremo de nombrar al lugar con el nombre que el cordobés le había asignado sin querer.
Las personas que opinan y defienden las distintas teorías recogidas, nos merecen el mayor respeto, por lo que dejamos librado al criterio de los lectores el asignarle a cada una de ellas el valor que merecen. Por nuestra parte creemos que la más factible y lógica la segunda, aún cuando podrían ser las tres verdaderas, en función que los hechos relatados se hubieran producido simultáneamente, pues es muy posible que en la laguna “El Tigre” haya existido un zapallar y en el campo “Fecchio” un Porongal.
Está situado en el departamento “Tobas”, Gobernación del Chaco, a 150 Km. de Resistencia, capital del territorio.
En sus campos no existen salvajes indígenas, ni tigres ni serpientes gigantescas, que solo son forjadas por algunos fantasistas irresponsables con el fin de brindar el sensacionalismo y emoción a costa de la verdad y el prestigio de los pueblos del chaco.
Su nombre ha sido objeto de muchas discusiones, llegándose a concretar en la actualidad, tres teorías que se disputan la verdad de su origen. Según los defensores de la primera hipótesis, en los primeros años de este pueblo (no precisan fecha) vivía una señora, cuyo nombre no recuerdan, que poseía un almacén con gran sembradío de zapallos (quizás se refieran a Doña Ángela N. de Pentenero, muy conocido por “el almacén de Yurca”); como en la zona no había otro almacén que los tuviera, cuando deseaban referirse al almacén de dicha señora, hacían mención a su zapallar diciendo que se dirigían al zapallar de la señora X, quedando simplificado luego, con el apelativo “El Zapallar”.
Según los sostenedores de la segunda teoría, la tierra de El Zapallar es muy pródiga especialmente con los zapallos, por lo que antes que ningún blanco pisara estas regiones, ya existía en la laguna “El Tigre” y en lugar que hoy se levanta el pueblo existían grandes sembradíos de zapallo cultivados por los aborígenes; casi podríamos decir que con los zapallos los indios tenían su “plato nacional”. Cuando llegaron los primeros pobladores, no se preocuparon por darle nombre al lugar que iban a colonizar, este vino más tarde, quienes lo bautizaron fueron los soldados de las primeras expediciones militares. En efecto, en el año 1909 el capitán Villa Mayor dirigía una exploración con el objeto de localizar las poblaciones recientemente formadas en esta parte donde vieron grandes extensiones cultivadas de zapallo, trabaron amistad con el bondadoso cacique Baratillo, quien le indicó el almacén de Domingo Pentenero hacia donde se dirigieron más tarde. Como varios soldados se encontraban heridos y enfermos en tributo a la osadía de haber penetrado las selvas y pantanos del Chaco, decidieron quedarse en la casa que se les brindaba hospitalariamente, y es así como al llegar a Presidencia Roca, el resto de la expedición hacía mención del lugar en que quedaron sus compañeros, diciendo que fueron dejados en “El Gran Zapallar” o lugar de los zapallos. Más tarde, otras compañías hacían lo propio, aludiendo siempre a este gran zapallar, para referirse a las tolderías del cacique Baratillo y al pequeño centro poblado que se estaba formando en sus inmediaciones. Podría creerse que los soldados aludían al zapallar de la señora Pentenero, si no fuera porque ella misma lo demiente, diciendo que los zapallos por ella sembrados eran muy escasos, pues eran destinados nada más que para su consumo, mientras asegura que los soldados se referían a las grandes cantidades de calabazas sembradas por los aborígenes.
Finalmente, explican los que difieren con las dos concepciones enunciadas, que el apelativo “El Zapallar”, proviene de un hecho casual registrado por el destino para servirle de nombre, agregando que en realidad debió llamarse “El Porongal”, pues eran los sembradíos de éstos, los únicos que cultivaban los indios. Dicho episodio estaría protagonizado por una compañía de conscriptos que desde Resistencia se dirigía a Presidencia Roca; al llegar a la parte sur del llamado capo “Fecchio”, un soldado cordobés exclamaría: “veía el zapaiar”, al observar una gran extensión de porongos, que presentaba a los ojos profanos de éste, un aspecto análogo de un zapallar. El resto de la compañía, habría querido admirar esta extensa plantación, cuando comprobó el error del compañero de la docta ciudad. Las bromas que se sucedieron no quedaron en el camino, llegaron a Roca, sonde tomaron cuerpo, al extremo de nombrar al lugar con el nombre que el cordobés le había asignado sin querer.
Las personas que opinan y defienden las distintas teorías recogidas, nos merecen el mayor respeto, por lo que dejamos librado al criterio de los lectores el asignarle a cada una de ellas el valor que merecen. Por nuestra parte creemos que la más factible y lógica la segunda, aún cuando podrían ser las tres verdaderas, en función que los hechos relatados se hubieran producido simultáneamente, pues es muy posible que en la laguna “El Tigre” haya existido un zapallar y en el campo “Fecchio” un Porongal. |